| El escenario de Es mi sueño fue testigo de uno de los momentos más emotivos de la temporada.
Ailén Peralta no solo deslumbró al jurado con su potencia vocal, sino que se convirtió en un ejemplo de resiliencia al compartir el difícil proceso personal que la mantuvo alejada de los escenarios durante años.
El regreso más esperado y una sorpresa familiar
Ailén llegó al estudio con un secreto: su familia no sabía que se presentaría al certamen. "Estoy muy nerviosa porque mi familia no sabe que venía, así que les voy a dar una sorpresa. Había dejado la música, estoy volviendo de a poco y quise darles este regalo", confesó la joven antes de cantar, dejando en claro que esta actuación era, ante todo, un acto de amor y una cuenta pendiente consigo misma.
La lucha contra la depresión y el refugio en el arte
Al ser consultada por Jimena Barón sobre los motivos de su alejamiento, la participante se sinceró sobre su salud mental. "Estoy saliendo de una depresión muy grande", reveló Ailén con una valentía que silenció al estudio.
"Hoy que estoy bien puedo decirlo, pero realmente me costó y dejé la música por muchas cosas. Fue difícil, pero gracias a mi familia y amigos pude volver a animarme y hacerlo plenamente para disfrutarlo".
Para Ailén, esta nueva etapa significa ver la música desde otra perspectiva, utilizándola como una herramienta de sanación: “Hoy vengo para demostrarme a mí misma que tengo que seguir”.
Una actuación impecable hacia el Teatro Ópera
A la hora de la verdad, la joven interpretó "Así no te amará jamás", el clásico de Ana Gabriel. Su ejecución fue tan sólida y cargada de sentimiento que no dejó dudas: logró que los cuatro jurados bajaran sus palancas verdes.
Con este puntaje perfecto, Ailén subió al palco y dio un paso decisivo en su camino hacia el gran premio y la posibilidad de presentarse en el emblemático Teatro Ópera. Más allá de la competencia, su paso por el programa dejó un mensaje de esperanza para quienes atraviesan situaciones similares.
|