| El fenómeno de "Casi Ángeles" sigue siendo uno de los hitos más recordados de la televisión juvenil argentina, pero el paso del tiempo comenzó a encender las luces sobre los costos personales que debieron afrontar sus protagonistas. En las últimas horas, Rocío "Rochi" Igarzábal brindó una entrevista en profundidad donde expuso las duras exigencias estéticas y la vorágine laboral que vivió durante el pico de éxito de la factoría de Cris Morena.
En una nota replicada por Ciudad Magazine, la actriz y cantante detalló cómo la altísima exposición mediática y las presiones del entorno terminaron repercutiendo de manera directa en su salud mental y en la percepción de su propio cuerpo.
La borágine del éxito y el impacto en la salud mental
Igarzábal ingresó a la tira en 2008 para interpretar a Valeria "Vale" Gutiérrez, sumándose luego a las giras internacionales con los Teen Angels. Si bien describió la experiencia como un espacio de enorme aprendizaje y disciplina artística, confesó que el ritmo de grabaciones y la mirada ajena se volvieron difíciles de procesar a sus 18 años.
"Empecé a registrar pequeñas alarmas. Estaba en la borágine de estar grabando, de no poder parar, y hubo un día que dije: 'Che, si sigo así me voy a enfermar'", relató la actriz. Las señales de desgaste se hicieron evidentes en tareas cotidianas vinculadas a su rendimiento: "No me podía concentrar, no me podía acordar la letra, salteaba las comidas...", enumeró sobre las primeras consecuencias físicas del agotamiento.
"Me empecé a traumar": la presión por la imagen corporizada
El aspecto más complejo de su testimonio estuvo ligado a las presiones implícitas sobre la apariencia física en una época donde el debate sobre los cuerpos hegemónicos no estaba instalado en los medios. La actriz reveló que el vestuario y las sesiones fotográficas se convirtieron en un factor de constante inestabilidad emocional.
"Estaba muy pendiente de mi peso, de si me entraba o no el pantalón que me daban, de cómo salían las fotos... Me empecé a traumar y a desarrollar un trastorno alimenticio. Decía: 'Ay, no, claro, me tengo que poner una remera larga, no se me tiene que ver el culo'".
De acuerdo con sus declaraciones, esta situación se vio potenciada por comentarios del entorno sobre las siluetas de las actrices, lo que incrementaba el nivel de inseguridad: "Escuchaba cosas sobre el cuerpo como 'uy, mirá el baúl que tiene', 'mirá cómo le queda ese'... y yo me lo tomaba personal".
El rol de la contención familiar para poner un freno
Frente a un escenario marcado por ataques de pánico y ansiedad dentro de los sets de filmación, Igarzábal destacó que el llamado de atención de su círculo íntimo fue clave para evitar un colapso mayor. "Tanto en mi entorno, mi familia, mis hermanas como mis amigas, empezaron a darse cuenta de lo que me pasaba y todos hicieron pequeños llamados de atención", explicó.
La toma de conciencia la llevó a buscar herramientas psicológicas para salir de la estructura del reality y la ficción, priorizando su bienestar por sobre la demanda de la industria. Hoy, a la distancia, Rochi prefiere visibilizar estas problemáticas para concientizar a las nuevas generaciones de artistas sobre la importancia de poner límites saludables en un medio que, por momentos, suele ser sumamente hostil.
|